- José Ferrater Mora, "Sócrates", Diccionario de filosofía, RBA, Barcelona 2005.
- Historias con Historia, "El juicio a Sócrates".
- Doug Linder, "The Trial of Socrates".
- Platón, Apología de Sócrates, Critón, Fedón.
miércoles, 6 de abril de 2011
Muertes de filósofos: Sócrates
jueves, 18 de noviembre de 2010
Día mundial de la filosofía 2010
jueves, 1 de octubre de 2009
Muertes de filósofos: La Mettrie

Nombre: Julien Offray de La Mettrie.
Edad en el momento de morir: 42 años.
Fecha y lugar de muerte: 11 de noviembre de 1751, Berlín.
Causa de muerte: Indigestión por pâté de faisan aux truffes.
Descripción: La Mettrie, médico francés y filósofo materialista. Su sistema de pensamiento fue una reacción contra el dualismo mente-cuerpo cartesiano. En su obra capital, El hombre máquina, defendió la idea de que el cuerpo humano es como una máquina, y que los estados psíquicos están estrechamente correlacionados con los estados físicos. Así, por ejemplo, la enfermedad nos baja el ánimo, el opio nos puede hacer creer que somos vampiros, o comer carne poco hecha y sangrienta hace que los ingleses sean un pueblo salvaje y fiero. Es decir, los estados del alma son producidos por los del cuerpo. Pero no hay que entender el alma como una substancia distinta al cuerpo, ya que La Mettrie defendía un materialismo monista: la única realidad existente es la materia, la Naturaleza.
No hay, para nuestro filósofo-médico (o médico-filósofo -para él sólo los filósofos que además son médicos pueden entender completamente al ser humano-) otra substancia que no sea la materia. No existe, por tanto, Dios ni ningún otro ser superior. La moral no procede de la religión sino de la propia naturaleza, de nuestro propio cuerpo. Y lo que nos pide el cuerpo es disfrutar, pasarlo bien: una moral basada en el placer.
Vemos, entonces, que nuestro amigo Julien era materialista, ateo y hedonista. El problema es que en el siglo XVIII eso no estaba muy bien visto, que digamos. Sus ideas le granjearon multitud de enemigos en Francia, pero más por el hedonismo y el ateísmo que por el materialismo en sí. Muchos le acusaban de defender un sistema filosófico así para justificar sus depravaciones sexuales y sus excesos, aunque no existen pruebas concluyentes de la vida disoluta que le atribuían sus coetáneos. Pero sí sabemos, y esto es relevante para el asunto que nos ocupa, que era amigo de la buena comida.
El caso es que tuvo que irse de Francia porque la cosa se estaba poniendo fea. Se fue a Holanda, donde tampoco le acogieron precisamente con los brazos abiertos. Finalmente encontró refugio en la corte de Federico II de Prusia, quien le nombró miembro de la Academia de Berlín. Y fue en esta ciudad donde encontró la muerte.
Cuentan que a finales de octubre de 1751 se celebró un banquete en la casa del embajador de Francia en Prusia. Allí estuvo La Mettrie, animando la fiesta con sus chistes y disfrutando, como buen hedonista, de la comida y la bebida. En un momento determinado se presentó a los comensales un plato de pâté de faisan aux truffes. A La Mettrie se le hizo la boca agua, y se zampó, si no el plato entero, al menos una gran parte. En alguna versión he leído que se trataba de una apuesta ("no hay narices a comerse eso entero"), o quizá fue sólo falta de autocontrol.
De un modo u otro, no fue una buena idea. La "hazaña" de La Mettrie le valió una indigestión bastante grave, quizá una intoxicación alimentaria de algún tipo. Veinte días después del banquete, murió en Berlín. Sus enemigos no perdieron la oportunidad de señalar que se lo tenía merecido por glotón, hedonista y ateo. "¿Veis a lo que lleva el materialismo?", dirían. El propio Federico II, que compuso el elogio de La Mettrie, escribió en una carta privada que había muerto por indigestión.
Pero en las muertes de los filósofos, como hemos visto hasta ahora, las cosas casi nunca son lo que parecen. Porque no está nada claro que la muerte se debiera a una indigestión, y a día de hoy no se ha podido demostrar. De hecho lo más probable es que se le complicara con alguna otra enfermedad, o incluso se agravara su estado debido a las sangrías que él mismo, como buen médico de la época, se aplicaba. Pero claro, para los enemigos de La Mettrie, y para los enemigos del materialismo en general, era más conveniente ridiculizar su muerte para ridiculizar su filosofía.
Fuentes:
- Federico Alberto Lange, Historia del materialismo, tomo 1, Madrid 1903.
- C. U. M. Smith, "Julien Offray de la Mettrie (1709-1751)", Journal of the History of the Neurosciences, 2002, Vol. 11, No. 2, pp. 110-124.
- José Ferrater Mora, "La Mettrie", Diccionario de Filosofía, RBA, Barcelona 2005.
- Wikipedia.
viernes, 12 de junio de 2009
El santuario de la ignorancia
"Pues si, por ejemplo, cayese una piedra desde un tejado sobre la cabeza de alguien, y lo matase, demostrarán que la piedra ha caído para matar a ese hombre, de la manera siguiente. Si no ha caído con dicho fin, queriéndolo Dios, ¿cómo han podido juntarse al azar tantas circunstancias? (y, efectivamente, a menudo concurren muchas a la vez). Quizá responderás que ello ha sucedido porque el viento soplaba y el hombre pasaba por allí. Pero —insistirán— ¿por qué soplaba entonces el viento? ¿Por qué el hombre pasaba por allí justo en ese momento? Si respondes, de nuevo, que el viento se levantó porque el mar, estando el tiempo aún tranquilo, había empezado a agitarse el día anterior, y que el hombre había sido invitado por un amigo, insistirán de nuevo, a su vez —ya que no hay un límite para las preguntas que se pueden hacer—: ¿y por qué se agitaba el mar? ¿por qué el hombre fue invitado en aquel momento? Y, así, no cesarán de preguntar las causas de las causas, hasta que te refugies en la voluntad de Dios, es decir, el santuario de la ignorancia".Baruch Spinoza, Ethica more geometrico demonstrata, Apéndice al Libro I.
lunes, 30 de marzo de 2009
La habitación china
El subtítulo de este blog ha sido, durante mucho tiempo "en directo desde la habitación china". ¿Qué habitación es esa? ¿Es una habitación decorada al estilo chino, llena de chinos, en un apartamento de Pekín u organizada según el Feng Shui?
Pues no. La habitación china es un experimento mental, propuesto por el filósofo John Searle para atacar la idea de que la mente es como un programa de ordenador. Idea que constituye la tesis central de lo que Searle llama "inteligencia artificial fuerte". Dicha tesis es una analogía entre el funcionamiento del cerebro y el funcionamiento de los ordenadores digitales que opera en ambas direcciones:
- La mente funciona igual que un programa de ordenador, siendo el cerebro una especie de ordenador biológico. La mente es al cerebro lo que el programa es al ordenador.
- Un ordenador, convenientemente programado para simular la inteligencia humana, no sólo es una simulación de inteligencia sino que es inteligencia. Dicho de otro modo: los ordenadores digitales pueden tener mente.
La crítica de Searle va dirigida a la línea de flotación de esta tesis: la definición misma de "ordenador digital". Es esencial para nuestra concepción de lo que es un ordenador que sus operaciones puedan especificarse de manera completamente formal, en términos de símbolos abstractos (unos y ceros, por ejemplo). Pero esos símbolos no se refieren a nada, no tienen significado, no tienen contenido semántico.
Y ahí está el problema de la tesis de la Inteligencia Artificial: nuestros estados mentales (nuestras creencias, deseos, etc...) sí tienen contenido semántico, aparte de los rasgos formales que puedan tener. Los pensamientos versan sobre algo: yo puedo pensar en Murcia, o desear una empanadilla, por ejemplo. Es decir, no sólo tienen forma sino que también tienen contenido, no sólo tienen sintaxis sino también semántica. La idea principal de la crítica de Searle es, por tanto, esta:
"La sintaxis sola no es suficiente para la semántica y los computadores digitales en tanto que son computadores tienen, por definición, solamente sintaxis"1.
Para apoyar su crítica, Searle propone el siguiente experimento mental. Imagina que no tienes ni idea de chino, que si ves un texto en chino no ves más que garabatos sin sentido. Imagina que te encierran en una habitación, y que en ella hay varias cestas llenas de símbolos chinos. Junto a ellas hay un manual en castellano que explica cómo combinar esos símbolos, pero dichas instrucciones se basan sólo en la forma de los garabatos y no en su contenido. Por ejemplo, una de las reglas del manual podría ser: "toma este garabato de la cesta A y ponlo junto a este garabato de la cesta B".
Imagina que meten en la habitación algunos otros símbolos chinos, junto con nuevas instrucciones para mandar fuera de la habitación ciertas combinaciones de símbolos chinos ante la entrada de nuevos símbolos.
Supongamos que fuera de la habitación, los "programadores" de este experimento llaman a los símbolos que entran en la habitación "preguntas" y a los que salen (combinados por ti) "respuestas". Con el tiempo, los programadores perfeccionan los manuales de instrucciones y tú te conviertes en un experto combinador de garabatos (en todo este tiempo no has aprendido el significado de esos garabatos). De hecho, el sistema llega a ser tan eficaz, que fuera de la habitación se realizan preguntas en perfecto chino y se reciben respuestas en perfecto chino, indistinguibles de las de un hablante chino.
¿Cuál es la gracia del asunto? Que sigues sin tener ni pajolera idea de chino. Has estado manipulando símbolos en base a su forma, sin saber nada de su contenido. Así que, aunque desde fuera de la habitación da la sensación de que dentro hay un hablante chino, la verdad es que no tienes ni idea de lo que estás haciendo.
¿Y la moraleja filosófica de todo esto? Que manipular símbolos en base a su forma no hace que conozcamos su contenido. Y esto es precisamente lo que hace un ordenador: no atiende al contenido de los símbolos, sólo a la forma. Para decirlo con términos precisos: lleva a cabo una manipulación sintáctica, no semántica. Y por lo tanto tampoco entiende lo que está haciendo, porque la sintaxis no es suficiente para la semántica.
Veamos entonces a qué conclusión nos lleva esto:
- La sintaxis no es suficiente para la semántica.
- Un programa de ordenador manipula símbolos en base a su forma o sintaxis, sin tener en cuenta el contenido semántico de éstos.
- La mente humana tiene contenidos semánticos.
- La mente humana no funciona como un programa de ordenador, ni un programa de ordenador puede ser una mente.
Para saber más:
- 1John Searle, Mentes, cerebros y ciencia, Cátedra, Madrid 2001.
- Wikipedia - La habitación china.
- Dictionary of Philosophy of Mind - Chinese Room.
martes, 12 de agosto de 2008
Muertes de filósofos: Empédocles

Nombre: Empédocles de Agrigento.
Fecha y lugar de muerte: 430 a. C., Monte Etna (Sicilia).
- Wikipedia
- Diógenes Laercio, Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres
jueves, 19 de junio de 2008
Oposiciones Murcia 2008 - Filosofía
- Miércoles 25 de Junio, 10:00 am - Acto de presentación (asistencia obligatoria, imprescindible llevar DNI y 2 copias de la Programación Didáctica). Tendrá lugar en el IES Francisco Cascales (muy cerca del Ayuntamiento).
- Domingo 29 de Junio, 9:00 am - La Parte A de la fase de oposición, uséase el examen escrito. Tendrá lugar en la Facultad de Veterinaria (Campus de Espinardo de la Universidad de Murcia).
domingo, 20 de enero de 2008
Si los bueyes tuvieran manos
Los etíopes afirman que sus dioses son chatos y negros,
y los tracios, que ojizarcos y rubicundos son los suyos.
Pero es que si los bueyes, caballos y leones pudieran tener manos,
pintar con esas manos y realizar obras de arte, como los hombres,
los caballos, parejas a caballos, y los bueyes, a bueyes
pintarían las figuras de sus dioses; y harían sus cuerpos
a semejanza precisa del porte que tiene cada uno.
domingo, 13 de enero de 2008
Muertes de filósofos: Descartes
Edad en el momento de morir: 53 años.
Fecha y lugar de muerte: 11 de febrero de 1650, Estocolmo.
Causa de muerte: Oficialmente, neumonía causada por reina demasiado madrugadora (¿quién cojones se levanta a las cinco de la mañana para estudiar filosofía? Quiero decir sin tener un examen al día siguiente). Extraoficialmente, envenenamiento por arsénico. Agravante de haber extraviado su cráneo durante dos siglos.
Descripción: Descartes llevaba una vida tranquila en los Países Bajos, donde había decidido dedicarse exclusivamente al estudio. De hecho, solía dormir al menos diez horas diarias, y meditaba y leía en la cama o en un cómodo sillón al lado de una estufa.
Esto fue así hasta que un mal día de septiembre de 1649, la Reina Cristina de Suecia le mandó buscar para ejercer de filósofo de su corte y tutor personal de Su Majestad. El trabajo estaba bien, y la Reina resultó ser una buena alumna. Pero tenía el pequeño inconveniente de que le hacían levantarse ¡a las cinco de la mañana!

Era cuestión de tiempo que nuestro amigo francés cayese enfermo. Y así fue. Cuatro meses duró el bueno de Descartes en Estocolmo, porque el 11 de febrero de 1650 murió de neumonía.
Pero la historia no acaba aquí, por dos razones: la primera es cierta sospecha acerca de la verdadera causa de su muerte. La segunda es el viaje que su cuerpo y su cabeza hicieron por separado.
Con respecto a lo primero, en 1980 salió a la luz una carta del médico que atendió a Descartes. En ella se relataban una serie de síntomas que, más que a una neumonía, parecían apuntar a un envenenamiento por arsénico. Quizá fue algún cortesano envidioso, o que pensó que Su Majestad no necesitaba a alguien que le hiciera pensar demasiado, o vaya usté a saber. La propia Reina examinó bien la carta del médico para ver qué iba contando por ahí. Este interés por controlar qué se contaba acerca de la muerte de Descartes es también sospechoso.
La cosa, que ya daría para una novela histórica de misterio susceptible de ser llevada al cine por la industria hollywoodiense, no acaba así. El cadáver de nuestro difunto filósofo permaneció dieciséis años en Suecia. Cuando sus amigos consiguieron llevarlo a Francia y abrieron el ataúd, descubrieron que faltaba el cráneo, que no apareció hasta el siglo XIX. El químico sueco que lo encontró lo mandó a Francia, pero los franceses, en lugar de enterrarlo junto al resto del cuerpo, lo exhiben desde entonces en el Musée de L'Homme en París.
Nadie negará que esta historia de tener la cabeza por un lado y el cuerpo por el otro tiene su cachondeo, sabiendo que hablamos del filósofo que introdujo la distinción real entre mente y cuerpo.
Fuentes:
Wikipedia
Ovejas Eléctricas
Muertes de filósofos
A lo largo de la historia, los filósofos han tenido vidas de lo más interesantes y variopintas. Bueno, no todos, claro está. Baste citar como contraejemplo al sosainas de Kant, que seguramente está entre los primeros puestos del ranking de las personas más aburridas de la historia (History's Greatest Coñazo People).
Pero si interesantes han sido sus vidas, no menos interesantes han sido sus muertes. Parafraseando muy libremente a Aristóteles: "Palmar, se puede palmar de muchas maneras". Hay casi tantas formas extrañas de palmar como filósofos. Algunas de éstas merecerían ser enumeradas en una canción al estilo de "Pánico a una muerte ridícula" de Def Con Dos. Otras son llamativas por la aparente relación que hay con la filosofía del difunto. Otros palmaron porque en otro tiempo hacer filosofía era algo peligroso y se podía morir por el mero hecho de defender una opinión contraria a la institución represora de turno. Hoy el mayor peligro que corre uno con la filosofía es volverse tonto del culo.
Así pues, y llevando a cabo una idea que tenía desde hace mucho tiempo (en otro tiempo, y otro blog), y ayudado y animado por las investigaciones de la profesora Piluky, doy inicio a esta sección sobre muertes de filósofos. Lo hago movido por la curiosidad morbosa y un poco de humor negro, pero vaya por delante que toda la gente que aparecerá en esta sección son filósofos a los que respeto y admiro. En cierto sentido, los que hemos estudiado filosofía somos herederos de todos ellos, de una tradición que se remonta a los orígenes de nuestra civilización. Quizá también nosotros palmemos de forma memorable.
sábado, 1 de diciembre de 2007
Los 10 mandamientos de la escritura filosófica (II)
6. Respetarás la distinción entre orden de pensamiento y orden de exposición.
Cuando estamos investigando una cuestión, a menudo tomamos notas conforme se nos van ocurriendo ideas: citas relevantes, posibles argumentos... El orden en el que se nos ocurren esas ideas es el orden del pensamiento.El orden de exposición, por otra parte, es el orden en el que esas ideas quedan ordenadas finalmente en el texto. A no ser que seas una especie de dios de la filosofía y las ideas se te aparezcan en el coco de un modo perfectamente ordenado, coherente y sistemático de cojones, no puedes exponer tus ideas en un artículo en el mismo orden en que se te ocurren. No, no vale sentarte y escribir conforme se te vayan ocurriendo las cosas. Recuerda que tu intención debe ser que el lector te comprenda con facilidad. Vale, Platón escribía diálogos y Nietzsche escribía aforismos. Pero tú no eres Nietzsche ni Platón, ¿verdad?
7. Aducirás razones o evidencia para tus afirmaciones.
Cuando estés defendiendo tu propia postura, a menudo tendrás que expresar tus propias creencias sobre el tema. Por supuesto, no vale decir "a mí me parece que..." o "yo opino de que..." sin más. Si tu opinión se basa en hechos o argumentos, hazlos explícitos. Si sientes que tienes razón pero no eres capaz de decir por qué, es hora de revisar a fondo tu postura. Del mismo modo, cuando escribes acerca de la postura de otra persona, debes incluir citas relevantes. Si vas a defender que la Crítica de la Razón Pura de Kant es una apología del capitalismo, muestra evidencias textuales de que esto es así. No acuses sin pruebas.
8. No sacarás citas fuera de contexto.
No se puede entender la postura de un filósofo a través de un par de frases sueltas. Explica esa cita situándola en contexto, y explica qué crees que quiere decir el autor. Si incluyes esa cita en tu texto es porque crees que es importante, ¿no? Haz ver a tu lector por qué. Este consejo también vale para evitar poner citas al tun-tun sólo porque "tienes que poner citas". Yo he visto algún trabajo de nivel universitario con citas que no tenían absolutamente nada que ver con el tema que se trataba. Si convertimos la cita en un mero corta-pega, corremos también el riesgo de poner en boca de un autor una tesis que no es la suya. Por ejemplo:
Piluky sostiene que la filosofía debe ser "rollos macabeos que oscurezcan las argumentaciones de tal manera que éstas ni se entiendan ni sean, finalmente, argumentaciones".
La Filosofía es o debe ser aclaración conceptual y no rollos macabeos que oscurezcan las argumentaciones de tal manera que éstas ni se entiendan ni sean, finalmente, argumentaciones.
10. Confrontarás a tu "oponente" respetándolo como a tu igual.
La filosofía "va" de comunicar ideas, y de convencer racionalmente al otro de que lo que sostienes es cierto. No es una imposición, o al menos no debe serlo, por lo que cualquier texto contiene la invitación implícita a que lo discutas (y si uno no es capaz de aceptar que lo que dice es discutible, ni es filósofo ni es nada). Así que lee con atención y tómate la molestia de entender lo que lees. Si no lo entiendes, no lo aceptes "porque sí, porque estoy leyendo a una autoridad" ni lo rechaces porque "no se entiende nada". Hay dos posibilidades: que tú no lo entiendas o que el texto no sea del todo inteligible. Las buenas maneras nos dictan que debemos considerar primero la primera posibilidad. Una vez descartado que el fallo está en ti, puedes pasar a dar las razones por las que el texto no se entiende bien (¿algún término oscuro? ¿un argumento débil?). La última opción es que el autor sea de los que disfrutan escribiendo tonterías sin sentido e intentan hacerlas pasar por filosofía. Que también puede ser.
Hasta aquí los diez mandamientos. Los enunciados no son una traducción literal, pero he intentado mantener el espíritu. Recomiendo de nuevo leer el artículo original (pdf), que contiene algunos consejos adicionales.
martes, 27 de noviembre de 2007
Los 10 mandamientos de la escritura filosófica (I)
Aquí ofrezco una traducción (hecha como buenamente he podido) de los mandamientos y un breve resumen de la idea detrás de cada uno. Por supuesto, lo suyo es leer el original.
1. No oscurecerás tus ideas con prosa rimbombante.
¡Muestra un poco de respeto por tus lectores, por las ideas que tratas de comunicar y por ti mismo, leñe! Cuando escribes filosofía, lo que intentas es comunicar ideas, no demostrar tus habilidades poéticas. Algunas ideas ya son bastante complejas y difíciles de entender de por sí. ¿Qué necesidad tenemos de complicarnos la vida y complicársela al lector? Vocabulario pomposo, oraciones interminables, oscuras metáforas... deben evitarse. Relee lo que acabas de escribir, y si no está claro, cámbialo.
2. Definirás tus términos.
Algunos términos filosóficos están tan asentados que no requieren una definición en cada nuevo artículo que se escribe. Sin embargo, si vas a darle a un concepto un matiz que no ha tenido tradicionalmente, ¡hazlo explícito! Ni que decir tiene que si tratas de acuñar un nuevo concepto, lo primero que debes hacer es definirlo. Y si usas una palabra del lenguaje no técnico y quieres darle un sentido especial, explica en qué sentido la usas. Y sobre todo, usa los términos de manera consistente y no cambies su sentido cada dos por tres.
3. No mancillarás la racionalidad de tus argumentos con retórica.
Cuando escribas, apela a la razón y no a los sentimientos. Es muy tentador usar palabras con una fuerte carga emocional ("racista", "feminista", "radical"...) para ganarte a los lectores por simpatía en lugar de argumentación. No debe ser tarea de la filosofía soliviantar a un auditorio sino convencer mediante razones.
4. Ilustrarás tus generalidades y abstracciones con ejemplos concretos.
Aunque a veces nos movamos en altos niveles de abstracción, ilustrar mediante ejemplos es una buena forma de aclarar exactamente qué queremos decir. Es también una excelente forma de mostrar cómo algunas ideas que parecen demasiado abstractas se aplican a casos concretos. Eso sí, nada de metáforas oscuras que sólo sirvan para que las generaciones venideras organicen seminarios dedicados exclusivamente a entenderte.
5. No rellenarás tu discusión con paja.
"La cuestión que vamos a examinar en este artículo parte de una larga tradición que bla bla bla. Ya los primeros filósofos griegos, cuando los dinosaurios dominaban la tierra paja paja paja paja." ¡Nada de meter paja! Quizá a la hora de ponerte a escribir necesites un poco de relleno para "ponerte en marcha". Pero cuando revises tu texto, asegúrate de eliminar todo lo que no contribuya a tu argumentación ni a la elaboración de tu postura. Aunque claro, quizá te hayan pedido un trabajo de diez páginas para una asignatura y te hayan salido sólo siete. En ese caso, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
Los cinco mandamientos que faltan los dejamos para una segunda parte.
