Mostrando entradas con la etiqueta filosofía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta filosofía. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de abril de 2011

Muertes de filósofos: Sócrates


Nombre: Sócrates.

Edad en el momento de morir: 70 años.

Fecha y lugar de muerte: Año 399 a.C, Atenas (Grecia).

Causa de muerte: Envenenamiento por cicuta.

Descripción: La muerte de Sócrates es una de las más famosas de la historia de la filosofía, así que no podía faltar en esta sección. Mucha gente sabe que Sócrates fue condenado a muerte por cicuta, pero quizá las circunstancias concretas que rodearon su muerte no sean tan conocidas. Vamos a echar un vistazo a los hechos.

Lo primero que hay que decir acerca de Sócrates es que no estamos muy seguros de quién era. Sí, es lamentable tener que decir eso de un filósofo considerado tan importante, pero el hecho es que Sócrates no escribió nada y, por tanto, es difícil saber exactamente cuál era su pensamiento filosófico o incluso cómo vivió. Esta dificultad se ha denominado "el problema socrático" y será el tema de un próximo post. Por ahora nos conformaremos con atenernos al Sócrates que nos ha legado la historia (principalmente a través de su discípulo, un tal Platón).

Según lo que sabemos, o creemos saber, Sócrates fue un ciudadano ateniense que vivió del 470 ó 469 al 399 a.C. Lo de ciudadano, en el caso de Sócrates, hay que destacarlo, ya que al parecer nunca salió de la ciudad salvo para cumplir con sus obligaciones militares. Amaba la vida en Atenas y no soportaba estar mucho tiempo fuera de sus muros. Pero lo que más le gustaba de Atenas era la gente que allí había.

Sócrates se pasaba la vida en las calles, lo cual era algo muy común en la época, aunque parece que en el caso de nuestro filósofo llegaba a los extremos en que ni paraba por casa ni trabajaba, lo que provocaba la ira de su esposa Jantipa. Y ¿qué hacía Sócrates todo el día en la calle? Pues hablar. Hablar con todo el mundo, no sólo con otros amantes del saber, sino también con artesanos, esclavos, mercaderes, jóvenes, viejos... Se acercaba a cualquiera y le espetaba una pregunta del tipo "¿qué es la virtud?", o "¿qué es la justicia?". Mediante preguntas, Sócrates quería hacer que su interlocutor "diera a luz" el conocimiento que todos llevamos dentro. A menudo, comparaba su actividad con la de una partera, el oficio de su madre, y por eso al método socrático se le conoce como "mayéutica".

Sócrates era un personaje conocido en Atenas, y tenía discípulos, seguidores y amigos influyentes: Platón, Jenofonte, Critón, Alcibíades... Pero también tenía detractores y enemigos. Aristófanes, por ejemplo, le caricaturizó en varias de sus comedias (sobre todo en Las Nubes). Cosa, según cuentan, que Sócrates se tomó bastante bien. Otras enemistades, por contra, no serían tan inofensivas para el filósofo ateniense.

En el año 399 a.C., los ciudadanos Anito, Meleto y Licón presentaron cargos contra Sócrates. Le acusaban de corromper a los jóvenes y de no creer en los dioses (cargos graves en la época, castigados con la muerte). A pesar de que éstos eran los cargos oficiales, se suele apuntar a motivaciones ocultas, políticas y/o personales.

Con estos cargos se juzgó a Sócrates en un proceso que narraron más tarde Platón y Jenofonte en sus respectivas Apologías. Sobre el juicio, hay que destacar que los pleitos en Atenas se resolvían con un sistema democrático. El jurado, compuesto en este caso por 500 ciudadanos, votaba en dos ocasiones distintas tras escuchar a las dos partes: por un lado, los acusadores, por otro, el propio Sócrates defendiéndose.

Aunque, para qué nos vamos a engañar, la defensa de Sócrates dejó bastante que desear. Si esto fuera una película de ésas que terminan en juicio, la oratoria, el carisma, y la capacidad argumentativa del filósofo (acompañados, como no, por una prueba descubierta a última hora), habrían bastado para salvarle la vida. Pero no fue así. Y da la impresión de que no fue así porque Sócrates no quiso. Su juicio y lo que vino después nos hace pensar que Sócrates buscaba la muerte.

¿En qué me baso? Bien, en primer lugar, Sócrates contrarrestó los argumentos de sus acusadores con bastante soltura, aderezada con su habitual ironía. Después de esto, la primera votación fue muy reñida: 280 votos frente a 220 le declaraban culpable, condenándole a muerte. Siguiendo la costumbre, se le pidió a Sócrates que propusiera una pena alternativa. A esto, el filósofo contestó que no sólo no merecía una pena, sino que en todo caso tendrían que darle un premio por sus años de servicio a Atenas: ser alojado en el Pritaneo, corriendo la ciudad con todos los gastos.

El alboroto que se formó entre el tribunal subió de tono cuando Sócrates decidió mejorar su situación todavía más. Como viera que lo del premio no era muy bien recibido, dijo que se conformaba con pagar una multa. Pero como no le sobraba precisamente el dinero, propuso que la multa fuera de una mina de plata (el equivalente a cien dracmas). La cantidad era bastante escasa, y el tribunal, con los ánimos aún más caldeados, realizó la segunda votación. Se le volvió a declarar culpable, pero ahora con 360 votos, y, terminado el juicio, le encerraron en la cárcel a la espera de su ejecución.

Estaremos de acuerdo en que el juicio podría haber tenido otro final si Sócrates no hubiera actuado como si buscara la muerte, ¿verdad? Pues lo que pasó en la cárcel confirma que el filósofo quería morir.

El adinerado Critón, amigo de Sócrates de toda la vida y que se ocupó de organizar el entierro, había ido a ver a Sócrates antes de la ejecución para proponerle un plan de huída. Los guardias de la prisión ya estaban comprados, los cargos pertinentes sobornados. El dinero no era un problema, ya que a la fortuna de Critón se sumaba la de muchos otros amigos de Sócrates, e incluso de simpatizantes de otras polis, como los tebanos Simias y Cebes. Las puertas de la cárcel estaban abiertas y el exilio, sin duda, sería mejor que la muerte.

Pero Sócrates se negó. Podría haber vivido, pero vivir fuera de Atenas no es vivir: tanto amaba a su ciudad, pero también a sus leyes. Y, por encima de la ciudad y las leyes estaba la justicia. Y Sócrates no tenía ninguna intención de cometer una injusticia violando las leyes, por mucho que su condena a muerte fuera injusta.

Así que llegó el momento de tomar el veneno, rodeado de amigos cercanos, y tras haber recibido la visita de su mujer y sus tres hijos. El verdugo le pidió que bebiera la cicuta y paseara hasta que notara rigidez en las piernas, y hecho esto debía tumbarse boca arriba. El veneno fue paralizando el cuerpo de Sócrates desde los pies, y antes de que llegara al corazón, tuvo tiempo de decir sus últimas palabras: "Critón, debemos un gallo a Asclepio. ¿Te acordarás de pagar la deuda?".

Fuentes:
  • José Ferrater Mora, "Sócrates", Diccionario de filosofía, RBA, Barcelona 2005.
  • Historias con Historia, "El juicio a Sócrates".
  • Doug Linder, "The Trial of Socrates".
  • Platón, Apología de Sócrates, Critón, Fedón.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Día mundial de la filosofía 2010

Hoy, como cada tercer jueves del mes de noviembre, se celebra el día mundial de la filosofía, instaurado por la UNESCO para "animar a los pueblos del mundo a compartir su herencia filosófica y a abrir sus mentes a nuevas ideas, así como para inspirar un debate público entre los intelectuales y la sociedad civil sobre los desafíos que enfrenta nuestra sociedad".

¿Por qué celebrar un día mundial de la filosofía? Porque hoy en día, la filosofía está muy denostada. En nuestro país, la enseñanza de la filosofía, tan fundamental a la hora de formar ciudadanos críticos, se encuentra seriamente amenazada por un gobierno que trata de anularla convirtiéndola en una domesticada "educación para la ciudadanía", con la complicidad de los gobiernos autonómicos en manos de distintos partidos, que han reducido el número de horas de las asignaturas de filosofía hasta convertirlas en auténticas "marías".

En una sociedad en la que, por lo visto, sólo merece la pena lo que proporciona beneficios económicos o produce bienes tangibles, la filosofía ha perdido prestigio. Parece que los que nos dedicamos a la filosofía tenemos que estar constantemente justificándonos. "Y eso ¿pa' qué vale?" Uno ya tiene la sensación de que tendría que estar pidiendo perdón todo el día.

La actitud actual hacia la filosofía nace, en la mayoría de los casos, de la incomprensión. Y parte de la culpa de esta incomprensión la tenemos los propios filósofos. A veces no conseguimos transmitir en qué consiste realmente nuestra disciplina, y se perpetúan tópicos producidos, en gran parte, por algunos "filósofos" que han decidido que cualquier cosa que se les ocurra bajo los efectos del alcohol, escrita de manera que no se entienda, merece ser llamada "filosofía". 

Pero "la filosofía es una investigación racional que tiene como objeto de estudio la naturaleza de la realidad". Y hago hincapié en lo de "racional": las razones, los argumentos, son lo que caracteriza el quehacer del filósofo. Los que desprecian esto y pretenden hacer filosofía acaban haciendo simplemente mala literatura.

La filosofía está en las raíces de la civilización occidental, y sin ella no seríamos lo que somos. Es justo que le rindamos homenaje a esta tradición de más de dos mil años que no desaparecerá mientras exista un solo ser humano en el Universo.

¡Feliz día mundial de la Filosofía!

jueves, 1 de octubre de 2009

Muertes de filósofos: La Mettrie


Nombre: Julien Offray de La Mettrie.

Edad en el momento de morir: 42 años.

Fecha y lugar de muerte: 11 de noviembre de 1751, Berlín.

Causa de muerte: Indigestión por pâté de faisan aux truffes.

Descripción: La Mettrie, médico francés y filósofo materialista. Su sistema de pensamiento fue una reacción contra el dualismo mente-cuerpo cartesiano. En su obra capital, El hombre máquina, defendió la idea de que el cuerpo humano es como una máquina, y que los estados psíquicos están estrechamente correlacionados con los estados físicos. Así, por ejemplo, la enfermedad nos baja el ánimo, el opio nos puede hacer creer que somos vampiros, o comer carne poco hecha y sangrienta hace que los ingleses sean un pueblo salvaje y fiero. Es decir, los estados del alma son producidos por los del cuerpo. Pero no hay que entender el alma como una substancia distinta al cuerpo, ya que La Mettrie defendía un materialismo monista: la única realidad existente es la materia, la Naturaleza.

No hay, para nuestro filósofo-médico (o médico-filósofo -para él sólo los filósofos que además son médicos pueden entender completamente al ser humano-) otra substancia que no sea la materia. No existe, por tanto, Dios ni ningún otro ser superior. La moral no procede de la religión sino de la propia naturaleza, de nuestro propio cuerpo. Y lo que nos pide el cuerpo es disfrutar, pasarlo bien: una moral basada en el placer.

Vemos, entonces, que nuestro amigo Julien era materialista, ateo y hedonista. El problema es que en el siglo XVIII eso no estaba muy bien visto, que digamos. Sus ideas le granjearon multitud de enemigos en Francia, pero más por el hedonismo y el ateísmo que por el materialismo en sí. Muchos le acusaban de defender un sistema filosófico así para justificar sus depravaciones sexuales y sus excesos, aunque no existen pruebas concluyentes de la vida disoluta que le atribuían sus coetáneos. Pero sí sabemos, y esto es relevante para el asunto que nos ocupa, que era amigo de la buena comida.

El caso es que tuvo que irse de Francia porque la cosa se estaba poniendo fea. Se fue a Holanda, donde tampoco le acogieron precisamente con los brazos abiertos. Finalmente encontró refugio en la corte de Federico II de Prusia, quien le nombró miembro de la Academia de Berlín. Y fue en esta ciudad donde encontró la muerte.

Cuentan que a finales de octubre de 1751 se celebró un banquete en la casa del embajador de Francia en Prusia. Allí estuvo La Mettrie, animando la fiesta con sus chistes y disfrutando, como buen hedonista, de la comida y la bebida. En un momento determinado se presentó a los comensales un plato de pâté de faisan aux truffes. A La Mettrie se le hizo la boca agua, y se zampó, si no el plato entero, al menos una gran parte. En alguna versión he leído que se trataba de una apuesta ("no hay narices a comerse eso entero"), o quizá fue sólo falta de autocontrol.

De un modo u otro, no fue una buena idea. La "hazaña" de La Mettrie le valió una indigestión bastante grave, quizá una intoxicación alimentaria de algún tipo. Veinte días después del banquete, murió en Berlín. Sus enemigos no perdieron la oportunidad de señalar que se lo tenía merecido por glotón, hedonista y ateo. "¿Veis a lo que lleva el materialismo?", dirían. El propio Federico II, que compuso el elogio de La Mettrie, escribió en una carta privada que había muerto por indigestión.

Pero en las muertes de los filósofos, como hemos visto hasta ahora, las cosas casi nunca son lo que parecen. Porque no está nada claro que la muerte se debiera a una indigestión, y a día de hoy no se ha podido demostrar. De hecho lo más probable es que se le complicara con alguna otra enfermedad, o incluso se agravara su estado debido a las sangrías que él mismo, como buen médico de la época, se aplicaba. Pero claro, para los enemigos de La Mettrie, y para los enemigos del materialismo en general, era más conveniente ridiculizar su muerte para ridiculizar su filosofía.

Fuentes:

  • Federico Alberto Lange, Historia del materialismo, tomo 1, Madrid 1903.
  • C. U. M. Smith, "Julien Offray de la Mettrie (1709-1751)", Journal of the History of the Neurosciences, 2002, Vol. 11, No. 2, pp. 110-124.
  • José Ferrater Mora, "La Mettrie", Diccionario de Filosofía, RBA, Barcelona 2005.
  • Wikipedia.

viernes, 12 de junio de 2009

El santuario de la ignorancia

"Pues si, por ejemplo, cayese una piedra desde un tejado sobre la cabeza de alguien, y lo matase, demostrarán que la piedra ha caído para matar a ese hombre, de la manera siguiente. Si no ha caído con dicho fin, queriéndolo Dios, ¿cómo han podido juntarse al azar tantas circunstancias? (y, efectivamente, a menudo concurren muchas a la vez). Quizá responderás que ello ha sucedido porque el viento soplaba y el hombre pasaba por allí. Pero —insistirán— ¿por qué soplaba entonces el viento? ¿Por qué el hombre pasaba por allí justo en ese momento? Si respondes, de nuevo, que el viento se levantó porque el mar, estando el tiempo aún tranquilo, había empezado a agitarse el día anterior, y que el hombre había sido invitado por un amigo, insistirán de nuevo, a su vez —ya que no hay un límite para las preguntas que se pueden hacer—: ¿y por qué se agitaba el mar? ¿por qué el hombre fue invitado en aquel momento? Y, así, no cesarán de preguntar las causas de las causas, hasta que te refugies en la voluntad de Dios, es decir, el santuario de la ignorancia".
Baruch Spinoza, Ethica more geometrico demonstrata, Apéndice al Libro I.

lunes, 30 de marzo de 2009

La habitación china

El subtítulo de este blog ha sido, durante mucho tiempo "en directo desde la habitación china". ¿Qué habitación es esa? ¿Es una habitación decorada al estilo chino, llena de chinos, en un apartamento de Pekín u organizada según el Feng Shui?

Pues no. La habitación china es un experimento mental, propuesto por el filósofo John Searle para atacar la idea de que la mente es como un programa de ordenador. Idea que constituye la tesis central de lo que Searle llama "inteligencia artificial fuerte". Dicha tesis es una analogía entre el funcionamiento del cerebro y el funcionamiento de los ordenadores digitales que opera en ambas direcciones:

  • La mente funciona igual que un programa de ordenador, siendo el cerebro una especie de ordenador biológico. La mente es al cerebro lo que el programa es al ordenador.
  • Un ordenador, convenientemente programado para simular la inteligencia humana, no sólo es una simulación de inteligencia sino que es inteligencia. Dicho de otro modo: los ordenadores digitales pueden tener mente.

La crítica de Searle va dirigida a la línea de flotación de esta tesis: la definición misma de "ordenador digital". Es esencial para nuestra concepción de lo que es un ordenador que sus operaciones puedan especificarse de manera completamente formal, en términos de símbolos abstractos (unos y ceros, por ejemplo). Pero esos símbolos no se refieren a nada, no tienen significado, no tienen contenido semántico.

Y ahí está el problema de la tesis de la Inteligencia Artificial: nuestros estados mentales (nuestras creencias, deseos, etc...) sí tienen contenido semántico, aparte de los rasgos formales que puedan tener. Los pensamientos versan sobre algo: yo puedo pensar en Murcia, o desear una empanadilla, por ejemplo. Es decir, no sólo tienen forma sino que también tienen contenido, no sólo tienen sintaxis sino también semántica. La idea principal de la crítica de Searle es, por tanto, esta:

"La sintaxis sola no es suficiente para la semántica y los computadores digitales en tanto que son computadores tienen, por definición, solamente sintaxis"1.

Para apoyar su crítica, Searle propone el siguiente experimento mental. Imagina que no tienes ni idea de chino, que si ves un texto en chino no ves más que garabatos sin sentido. Imagina que te encierran en una habitación, y que en ella hay varias cestas llenas de símbolos chinos. Junto a ellas hay un manual en castellano que explica cómo combinar esos símbolos, pero dichas instrucciones se basan sólo en la forma de los garabatos y no en su contenido. Por ejemplo, una de las reglas del manual podría ser: "toma este garabato de la cesta A y ponlo junto a este garabato de la cesta B".

Imagina que meten en la habitación algunos otros símbolos chinos, junto con nuevas instrucciones para mandar fuera de la habitación ciertas combinaciones de símbolos chinos ante la entrada de nuevos símbolos.

Supongamos que fuera de la habitación, los "programadores" de este experimento llaman a los símbolos que entran en la habitación "preguntas" y a los que salen (combinados por ti) "respuestas". Con el tiempo, los programadores perfeccionan los manuales de instrucciones y tú te conviertes en un experto combinador de garabatos (en todo este tiempo no has aprendido el significado de esos garabatos). De hecho, el sistema llega a ser tan eficaz, que fuera de la habitación se realizan preguntas en perfecto chino y se reciben respuestas en perfecto chino, indistinguibles de las de un hablante chino.

¿Cuál es la gracia del asunto? Que sigues sin tener ni pajolera idea de chino. Has estado manipulando símbolos en base a su forma, sin saber nada de su contenido. Así que, aunque desde fuera de la habitación da la sensación de que dentro hay un hablante chino, la verdad es que no tienes ni idea de lo que estás haciendo.

¿Y la moraleja filosófica de todo esto? Que manipular símbolos en base a su forma no hace que conozcamos su contenido. Y esto es precisamente lo que hace un ordenador: no atiende al contenido de los símbolos, sólo a la forma. Para decirlo con términos precisos: lleva a cabo una manipulación sintáctica, no semántica. Y por lo tanto tampoco entiende lo que está haciendo, porque la sintaxis no es suficiente para la semántica.

Veamos entonces a qué conclusión nos lleva esto:

  1. La sintaxis no es suficiente para la semántica.
  2. Un programa de ordenador manipula símbolos en base a su forma o sintaxis, sin tener en cuenta el contenido semántico de éstos.
  3. La mente humana tiene contenidos semánticos.
  4. La mente humana no funciona como un programa de ordenador, ni un programa de ordenador puede ser una mente.
Como vemos, el argumento de Searle, si se acepta, es devastador para la inteligencia artificial, al eliminar la posibilidad de crear verdadera inteligencia mediante programas de ordenador. Y es importante señalar que la crítica searleana no depende del progreso tecnológico. No es una cuestión que se pueda resolver en un futuro, cuando tengamos mejores medios, ordenadores más potentes, etc. sino que tiene que ver con la definición misma de "ordenador digital" o "programa". Y todo esto con algo tan aparentemente inocente como una "habitación china".

Para saber más:

martes, 12 de agosto de 2008

Muertes de filósofos: Empédocles


Nombre:
Empédocles de Agrigento.

Edad en el momento de morir: Según Aristóteles, 60 años; según otras versiones más imaginativas, 109.

Fecha y lugar de muerte: 430 a. C., Monte Etna (Sicilia).

Causa de muerte: Exposición excesiva a la lava volcánica.

Descripción: Poco se sabe de la vida de este filósofo presocrático, y lo poco que se sabe está envuelto en el mito. Fue famoso en su tiempo por sus dotes oratorias y su profundo conocimiento de la naturaleza, pero también se le atribuyen diversos poderes mágicos, que van desde la curación de enfermedades al control de fenómenos climáticos como la lluvia, el viento o las tormentas. Parece que él mismo describió estos superpoderes en su obra Las purificaciones, de la que sólo conservamos fragmentos.

Si su vida está envuelta en el mito, su muerte no lo está menos. Existen varias versiones sobre ésta, a cual más improbable, pero sin duda la más famosa es la que afirma que se suicidó arrojándose al interior del volcán Etna. ¿Por qué haría una cosa así? Los más benignos con el filósofo dirían que lo hizo para tener un conocimiento más profundo de los elementos (y tan profundo), pero la versión popular tiene más mala leche: lo hizo para desaparecer sin dejar rastro y que así sus coetáneos creyesen que había ascendido a los cielos como un dios. Sin embargo le traicionó su afición al calzado de bronce (ignoramos si aparte de ser de bronce llevaba tacón). Una de sus sandalias salió disparada del volcán, descubriéndose así el pastel y quedando expuesto tanto a la dramatización romántica de Hölderlin como a la mordaz sátira de Luciano de Samósata.

No conocemos la verdadera causa de la muerte de Empédocles, pero probablemente sea mucho menos espectacular que todo esto, y también menos adecuada para el filósofo que formuló la doctrina de los cuatro elementos.

Fuentes:

jueves, 19 de junio de 2008

Oposiciones Murcia 2008 - Filosofía

Rompo el silencio de este blog con lo que me ha mantenido ocupado estos últimos meses: las oposiciones. El objetivo de este post es informar a los que aún no se hayan enterado de las fechas de tan magno evento. Helas aquí:
  • Miércoles 25 de Junio, 10:00 am - Acto de presentación (asistencia obligatoria, imprescindible llevar DNI y 2 copias de la Programación Didáctica). Tendrá lugar en el IES Francisco Cascales (muy cerca del Ayuntamiento).
  • Domingo 29 de Junio, 9:00 am - La Parte A de la fase de oposición, uséase el examen escrito. Tendrá lugar en la Facultad de Veterinaria (Campus de Espinardo de la Universidad de Murcia).
Y nada más por ahora. Allí nos veremos, que tengáis suerte y que de las cinco bolitas al menos uno de los números os haga decir: "¡de puuuuuta madre!".

domingo, 20 de enero de 2008

Si los bueyes tuvieran manos

Los etíopes afirman que sus dioses son chatos y negros,
y los tracios, que ojizarcos y rubicundos son los suyos.
Pero es que si los bueyes, caballos y leones pudieran tener manos,
pintar con esas manos y realizar obras de arte, como los hombres,
los caballos, parejas a caballos, y los bueyes, a bueyes
pintarían las figuras de sus dioses; y harían sus cuerpos
a semejanza precisa del porte que tiene cada uno.
Jenófanes de Colofón, en Fragmentos presocráticos, Introducción, traducción y notas de Alberto Bernabé, Alianza, Madrid 1997, p. 109.

domingo, 13 de enero de 2008

Muertes de filósofos: Descartes

Nombre: René Descartes.

Edad en el momento de morir: 53 años.

Fecha y lugar de muerte: 11 de febrero de 1650, Estocolmo.

Causa de muerte: Oficialmente, neumonía causada por reina demasiado madrugadora (¿quién cojones se levanta a las cinco de la mañana para estudiar filosofía? Quiero decir sin tener un examen al día siguiente). Extraoficialmente, envenenamiento por arsénico. Agravante de haber extraviado su cráneo durante dos siglos.

Descripción: Descartes llevaba una vida tranquila en los Países Bajos, donde había decidido dedicarse exclusivamente al estudio. De hecho, solía dormir al menos diez horas diarias, y meditaba y leía en la cama o en un cómodo sillón al lado de una estufa.

Esto fue así hasta que un mal día de septiembre de 1649, la Reina Cristina de Suecia le mandó buscar para ejercer de filósofo de su corte y tutor personal de Su Majestad. El trabajo estaba bien, y la Reina resultó ser una buena alumna. Pero tenía el pequeño inconveniente de que le hacían levantarse ¡a las cinco de la mañana!


"Y por lo tanto es así como demostramos que -¡aaatchús!- la glándula -cof, cof- pineal... Perdón, ¿alguien puede traerme un café y un Frenadol?"

Imaginad al pobre Descartes, acostumbrado a quedarse por la mañana en la cama bien abrigado, de repente levantándose a las cuatro porque a las cinco tenía que estar dando clases a la Reina. Recordemos que, encima, estaba en Suecia, donde a esas horas debe hacer un frío que pela.

Era cuestión de tiempo que nuestro amigo francés cayese enfermo. Y así fue. Cuatro meses duró el bueno de Descartes en Estocolmo, porque el 11 de febrero de 1650 murió de neumonía.

Pero la historia no acaba aquí, por dos razones: la primera es cierta sospecha acerca de la verdadera causa de su muerte. La segunda es el viaje que su cuerpo y su cabeza hicieron por separado.

Con respecto a lo primero, en 1980 salió a la luz una carta del médico que atendió a Descartes. En ella se relataban una serie de síntomas que, más que a una neumonía, parecían apuntar a un envenenamiento por arsénico. Quizá fue algún cortesano envidioso, o que pensó que Su Majestad no necesitaba a alguien que le hiciera pensar demasiado, o vaya usté a saber. La propia Reina examinó bien la carta del médico para ver qué iba contando por ahí. Este interés por controlar qué se contaba acerca de la muerte de Descartes es también sospechoso.

La cosa, que ya daría para una novela histórica de misterio susceptible de ser llevada al cine por la industria hollywoodiense, no acaba así. El cadáver de nuestro difunto filósofo permaneció dieciséis años en Suecia. Cuando sus amigos consiguieron llevarlo a Francia y abrieron el ataúd, descubrieron que faltaba el cráneo, que no apareció hasta el siglo XIX. El químico sueco que lo encontró lo mandó a Francia, pero los franceses, en lugar de enterrarlo junto al resto del cuerpo, lo exhiben desde entonces en el Musée de L'Homme en París.

Nadie negará que esta historia de tener la cabeza por un lado y el cuerpo por el otro tiene su cachondeo, sabiendo que hablamos del filósofo que introdujo la distinción real entre mente y cuerpo.

Fuentes:
Wikipedia
Ovejas Eléctricas

Muertes de filósofos

A lo largo de la historia, los filósofos han tenido vidas de lo más interesantes y variopintas. Bueno, no todos, claro está. Baste citar como contraejemplo al sosainas de Kant, que seguramente está entre los primeros puestos del ranking de las personas más aburridas de la historia (History's Greatest Coñazo People).

Pero si interesantes han sido sus vidas, no menos interesantes han sido sus muertes. Parafraseando muy libremente a Aristóteles: "Palmar, se puede palmar de muchas maneras". Hay casi tantas formas extrañas de palmar como filósofos. Algunas de éstas merecerían ser enumeradas en una canción al estilo de "Pánico a una muerte ridícula" de Def Con Dos. Otras son llamativas por la aparente relación que hay con la filosofía del difunto. Otros palmaron porque en otro tiempo hacer filosofía era algo peligroso y se podía morir por el mero hecho de defender una opinión contraria a la institución represora de turno. Hoy el mayor peligro que corre uno con la filosofía es volverse tonto del culo.

Así pues, y llevando a cabo una idea que tenía desde hace mucho tiempo (en otro tiempo, y otro blog), y ayudado y animado por las investigaciones de la profesora Piluky, doy inicio a esta sección sobre muertes de filósofos. Lo hago movido por la curiosidad morbosa y un poco de humor negro, pero vaya por delante que toda la gente que aparecerá en esta sección son filósofos a los que respeto y admiro. En cierto sentido, los que hemos estudiado filosofía somos herederos de todos ellos, de una tradición que se remonta a los orígenes de nuestra civilización. Quizá también nosotros palmemos de forma memorable.

En un rato, el primer post de la serie.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Los 10 mandamientos de la escritura filosófica (II)

(Continuación de este post)

6. Respetarás la distinción entre orden de pensamiento y orden de exposición.
Cuando estamos investigando una cuestión, a menudo tomamos notas conforme se nos van ocurriendo ideas: citas relevantes, posibles argumentos... El orden en el que se nos ocurren esas ideas es el orden del pensamiento.El orden de exposición, por otra parte, es el orden en el que esas ideas quedan ordenadas finalmente en el texto. A no ser que seas una especie de dios de la filosofía y las ideas se te aparezcan en el coco de un modo perfectamente ordenado, coherente y sistemático de cojones, no puedes exponer tus ideas en un artículo en el mismo orden en que se te ocurren. No, no vale sentarte y escribir conforme se te vayan ocurriendo las cosas. Recuerda que tu intención debe ser que el lector te comprenda con facilidad. Vale, Platón escribía diálogos y Nietzsche escribía aforismos. Pero tú no eres Nietzsche ni Platón, ¿verdad?

7. Aducirás razones o evidencia para tus afirmaciones.
Cuando estés defendiendo tu propia postura, a menudo tendrás que expresar tus propias creencias sobre el tema. Por supuesto, no vale decir "a mí me parece que..." o "yo opino de que..." sin más. Si tu opinión se basa en hechos o argumentos, hazlos explícitos. Si sientes que tienes razón pero no eres capaz de decir por qué, es hora de revisar a fondo tu postura. Del mismo modo, cuando escribes acerca de la postura de otra persona, debes incluir citas relevantes. Si vas a defender que la Crítica de la Razón Pura de Kant es una apología del capitalismo, muestra evidencias textuales de que esto es así. No acuses sin pruebas.

8. No sacarás citas fuera de contexto.
No se puede entender la postura de un filósofo a través de un par de frases sueltas. Explica esa cita situándola en contexto, y explica qué crees que quiere decir el autor. Si incluyes esa cita en tu texto es porque crees que es importante, ¿no? Haz ver a tu lector por qué. Este consejo también vale para evitar poner citas al tun-tun sólo porque "tienes que poner citas". Yo he visto algún trabajo de nivel universitario con citas que no tenían absolutamente nada que ver con el tema que se trataba. Si convertimos la cita en un mero corta-pega, corremos también el riesgo de poner en boca de un autor una tesis que no es la suya. Por ejemplo:
Piluky sostiene que la filosofía debe ser "rollos macabeos que oscurezcan las argumentaciones de tal manera que éstas ni se entiendan ni sean, finalmente, argumentaciones".
Cuando el texto original dice:
La Filosofía es o debe ser aclaración conceptual y no rollos macabeos que oscurezcan las argumentaciones de tal manera que éstas ni se entiendan ni sean, finalmente, argumentaciones.
Aunque claro, también se puede descontextualizar la cita a mala leche, sólo por joder.

9. No desatenderás los procedimientos adecuados de bibliografía y notas al pie.
Importantísimo, y relacionado con el anterior. Por usar el mismo ejemplo que antes, tienes que señalar exactamente en qué páginas de qué obra y de qué edición está la defensa kantiana del capitalismo. Así cualquiera podrá ir exactamente al mismo texto que has acudido tú y comprobar si efectivamente está ahí lo que tú dices que está. Usa las convenciones adecuadas a la hora de citar, y si no las conoces pregunta en tu facultad. Recuerda también que una nota al pie con su referencia bibliográfica es la delgada línea que separa el legítimo derecho a cita del plagio.

10. Confrontarás a tu "oponente" respetándolo como a tu igual.
La filosofía "va" de comunicar ideas, y de convencer racionalmente al otro de que lo que sostienes es cierto. No es una imposición, o al menos no debe serlo, por lo que cualquier texto contiene la invitación implícita a que lo discutas (y si uno no es capaz de aceptar que lo que dice es discutible, ni es filósofo ni es nada). Así que lee con atención y tómate la molestia de entender lo que lees. Si no lo entiendes, no lo aceptes "porque sí, porque estoy leyendo a una autoridad" ni lo rechaces porque "no se entiende nada". Hay dos posibilidades: que tú no lo entiendas o que el texto no sea del todo inteligible. Las buenas maneras nos dictan que debemos considerar primero la primera posibilidad. Una vez descartado que el fallo está en ti, puedes pasar a dar las razones por las que el texto no se entiende bien (¿algún término oscuro? ¿un argumento débil?). La última opción es que el autor sea de los que disfrutan escribiendo tonterías sin sentido e intentan hacerlas pasar por filosofía. Que también puede ser.

Hasta aquí los diez mandamientos. Los enunciados no son una traducción literal, pero he intentado mantener el espíritu. Recomiendo de nuevo leer el artículo original (pdf), que contiene algunos consejos adicionales.

martes, 27 de noviembre de 2007

Los 10 mandamientos de la escritura filosófica (I)

Vía Online Papers in Philosophy he descubierto este breve artículo de Adrian M. S. Piper . Estos 10 mandamientos constituyen una guía de estilo para escribir filosofía. Claro está, al modo analítico, que a fin de cuentas es (¡¡¡atención, flame!!!) la única forma de hacer filosofía seria.

Aquí ofrezco una traducción (hecha como buenamente he podido) de los mandamientos y un breve resumen de la idea detrás de cada uno. Por supuesto, lo suyo es leer el original.

1. No oscurecerás tus ideas con prosa rimbombante.
¡Muestra un poco de respeto por tus lectores, por las ideas que tratas de comunicar y por ti mismo, leñe! Cuando escribes filosofía, lo que intentas es comunicar ideas, no demostrar tus habilidades poéticas. Algunas ideas ya son bastante complejas y difíciles de entender de por sí. ¿Qué necesidad tenemos de complicarnos la vida y complicársela al lector? Vocabulario pomposo, oraciones interminables, oscuras metáforas... deben evitarse. Relee lo que acabas de escribir, y si no está claro, cámbialo.

2. Definirás tus términos.
Algunos términos filosóficos están tan asentados que no requieren una definición en cada nuevo artículo que se escribe. Sin embargo, si vas a darle a un concepto un matiz que no ha tenido tradicionalmente, ¡hazlo explícito! Ni que decir tiene que si tratas de acuñar un nuevo concepto, lo primero que debes hacer es definirlo. Y si usas una palabra del lenguaje no técnico y quieres darle un sentido especial, explica en qué sentido la usas. Y sobre todo, usa los términos de manera consistente y no cambies su sentido cada dos por tres.

3. No mancillarás la racionalidad de tus argumentos con retórica.
Cuando escribas, apela a la razón y no a los sentimientos. Es muy tentador usar palabras con una fuerte carga emocional ("racista", "feminista", "radical"...) para ganarte a los lectores por simpatía en lugar de argumentación. No debe ser tarea de la filosofía soliviantar a un auditorio sino convencer mediante razones.

4. Ilustrarás tus generalidades y abstracciones con ejemplos concretos.
Aunque a veces nos movamos en altos niveles de abstracción, ilustrar mediante ejemplos es una buena forma de aclarar exactamente qué queremos decir. Es también una excelente forma de mostrar cómo algunas ideas que parecen demasiado abstractas se aplican a casos concretos. Eso sí, nada de metáforas oscuras que sólo sirvan para que las generaciones venideras organicen seminarios dedicados exclusivamente a entenderte.

5. No rellenarás tu discusión con paja.
"La cuestión que vamos a examinar en este artículo parte de una larga tradición que bla bla bla. Ya los primeros filósofos griegos, cuando los dinosaurios dominaban la tierra paja paja paja paja." ¡Nada de meter paja! Quizá a la hora de ponerte a escribir necesites un poco de relleno para "ponerte en marcha". Pero cuando revises tu texto, asegúrate de eliminar todo lo que no contribuya a tu argumentación ni a la elaboración de tu postura. Aunque claro, quizá te hayan pedido un trabajo de diez páginas para una asignatura y te hayan salido sólo siete. En ese caso, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Los cinco mandamientos que faltan los dejamos para una segunda parte.